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Estefi Mora

Venezolana
Residente en Buenos Aires, Argentina

Mi nombre es Estefi Mora, nacida en Caracas, Venezuela. Actualmente tengo 26 años, soy madre de un niño de 2 años.

Mi historia con mujer agua de luna comenzó en el 2012 después de ir a un Vipassana. Allí conocí a una mujer que asistía al círculo de mujeres de mujer agua de luna, ella me invitó y sin duda no podía dejar de asistir con mi gran hermana Oriana Saez, quién es hoy un pilar en Mujer Agua de Luna. Ese día conocimos el temazcal, Ori trabajó como mujer de fuego, ella siempre tan determinada, tan integra y noble en su corazón de fuego; y conocí a Bárbara, podría decir que me enamoré, me enamoré de su trabajo, de su corazón y sobretodo de su visión ante la vida y la existencia, su sabiduría hizo resonar cada fibra de mi ser y comprendí que había llegado a casa, en más quedaba labrar mis dones para servir al gran misterio. Ori y yo seguimos asistiendo a cada encuentro, tanto que llego un momento donde en el constante cambio terminamos convocando círculos de palabra junto a Bárbara y siguiendo el camino a la Danza de luna en Colombia, que es ahora mi circulo madre de danza. 
Actualmente me encuentro viviendo en Argentina, mi vida dio un giro tremendo para madurar, pero hoy me encuentro extrañando profundamente mi tierra, mi hogar y la medicina que me brinda el tener a mis hermanas al lado, compartiendo medicina, rape, mambe o el silencio de un fuego después de rezar. Agradezco la determinación, la templanza y la constancia con las que han trabajo cada una para hacer de esta Casa lunar lo que es; un espacio dedicado al gran misterio, a la salud, al amor, a la sabiduría ancestral de nuestra madre tierra y nuestro padre cielo. Hoy camino con el corazón dirigido a encontrarnos pronto y seguir alimentando este fuego sagrado que somos. Cada paso dado no ha sido un error sino un gran aprendizaje para nuestras vidas. Todo lo que es Mujer agua de luna es creado por la verdad misma de mujeres que simplemente abrieron su corazón al creador(a) y decidieron escuchar y danzar siendo guiadas por una fuerza mayor.

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Daniela Parraga

Venezolana
Residente en Caracas, Venezuela.

Quería compartir con ustedes que ha significado para mí formar parte de esta tribu, que más que una tribu ha sido un espacio donde me he podido sentir en confianza, donde me estoy dedicando a la tarea de seguir redescubriendome día a día, han sido unos meses después de conocerlas en la Danza de Luna en Venezuela, donde he visto un movimiento que quizás en mi experiencia es un tanto intenso, días de movimientos y cambios. Que dicha que ha sido así, qué dicha el cambio, que dicha el movimiento. Algo dentro de mí me susurra que hay mucho más que ver y aprender, me he sentido muy acompañada de la palabra, de la mirada y del ejemplo de mi madrina Bárbara. He podido ver tanta belleza en mis hermanas que me llenan de tanta inspiración, gracias a nuestra líder de tambor Oriana que es un bello ejemplo de cariño y contención

❤️🔥 Mujer agua de luna es un lugar muy cálido dónde estar, sabes que ya no estarás sola, sabes que hasta para un dolor de cabeza o del corazón ahí estarán y del mismo modo uno se entrega desde la pureza. Gracias por cada risa, por cada canto, por cada lágrima, por cada silencio, por cada palabra, Gracias por llenarme de tanta inspiración. Que solo es sinónimo de humanidad, de crecimiento y expansión hacia todos los lados. Gracias, Gracias, Gracias!
Lindo camino lleno de tantos paisajes todos igual de valiosos, todos tan importantes. Lindo reencuentro. Gracias por cada proyecto que ofrecen, se que lo hacen pensando en nosotras. Las amo enorme. Esperando con cariño y entusiasmo las danzas de luna 2020 en Venezuela, para contar la magifestación de cada recito y cada anhelo.
Bendiciones del universo.
Gracias por tanto amor.

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Indira Pino

Venezolana
Residente en Puerto Ordaz, Venezuela.

Conocí al grupo gracias a la Danza de la Luna de agosto 2019. Ese viaje, desde antes de llegar al retiro, llevó a mirarme de una forma completamente distinta. Siento, y creo, que fue gracias a la guía y contención de Bárbara y de las chicas que pude mirar y reconocer ese algo en mí que no me atrevía a ver. Un par de años antes, había comenzado a hacer autoestudio a través del yoga y la sexualidad sagrada. Sin embargo, seguía conectada más con mi energía masculina. Y compartir con el grupo, conocer y formar parte de un Círculo con tantas mujeres maravillosas, me ayudó a disolver los miedos, la vergüenza y la culpa para poder reconocerME, con toda esa intensidad que empodera y expande. Siento este espacio como un círculo de hermandad, de amigas, de curación… Un círculo de brazos abiertos. Un espacio cargado de una fuerza que se une a la fuerza propia, y de sostenimiento para poder reconocernos como mujeres libres, sanadoras y poderosas. A diario agradezco haber escuchado y atendido el llamado; conocer a mis hermanas; formar parte y sentir la conexión de este tejido que se fortalece y crece cada vez más dentro de nosotras porque me ayuda a seguir profundizando en mi propio camino, en mi propia medicina.

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Oriana González Hidalgo

Venezolana
Residente en Valencia, Venezuela.

Mi experiencia en el compartir con mis hermanas en Mujer Agua de Luna ha sido una experiencia de mucho crecimiento, magia, aprendizaje y expansión para mi ser.
El haber empezado a adentrarme más en este camino, del recuerdo femenino ancestral de las manos de cada una de las mujeres con las que me he encontrado aquí ha sido algo muy especial, ya que cada una tiene algo importante que aportar.

He recordado la importancia de saber la prioridad que tiene tener esos espacios de contención, de saberse acompañada, el poder de conectar con nuestro interior a través del canto, cristales, sahumerios.  Han sido espacios benditos para mí y llenos de mucho amor, y pues así invitó a cada una de las lectoras a que sean parte de esta familia que siembra y se expande, en  congruencia, respeto y fortaleza.  Agradecida con cada una uds.
Gracias hermanitas.

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Valentina Padrón
Venezolana
Residente en Ciudad de Panamá, Panama.

Mi Nombre es Valentina Padrón. Desde Panamá, quiero contarles un poco de lo que ha sido mi experiencia a lo largo de estos años.

Para colocarlos en contexto iniciare a contar mi historia en tercera persona:

Valentina era una chica feliz, alegre, con muchísimos amigos, viviendo en su país natal Venezuela. Una chica que como muchas por no decir todas, guardaba dentro de si, miedos, inseguridades, ansiedades, angustias, pero que como tantas, no tenia las herramientas para enfrentarlas; o más complicado aún, ni siquiera era capaz de identificar que era lo que le sucedía.

De vez en cuando aquella Valentina ALEGRE, AMIGABLE, y carismática se veía a sí misma como una mujer depresiva y triste. Recuerdo a esa Valentina con muchas carencias y muchas dudas pero sobre todo con un camino largo por recorrer.

A través de los años, esa Valentina empezó una búsqueda de sí misma, encontrando actividades que le ayudaran a crecer, empezó a rodearse de gente le sumara, fue acercándose a diferentes amigas que en el momento tenían ciertas cosas en común con ella…

Un día una buena amiga, a quien hoy llamo hermana, me invitó a un círculo de mujeres.

¿Qué era un círculo de mujeres? Yo no tenía ni la más remota idea… Fui sin expectativas, pero si con muchas ganas de ver de qué se trataba.

Cuando llegue al lugar recuerdo claramente a un grupo de mujeres, con inmensas sonrisas en la cara, con faldas largas y con ojos brillantes, recuerdo ver cómo se saludaban entre ellas, asumí que se conocían de toda la vida por el amor y la hermandad con la que se trataban.

En silencio las miraba detenidamente… hasta que vino a mi una de aquellas mujeres a darme el mismo amor que entre ellas se daban. Con una sonrisa me preguntó que hacía, que me gustaba, y dulcemente me dijo: “Bienvenida”.

Fue tan linda que me extrañó, pues entre mujeres a veces no somos tan amables, pensé.

Más tarde, aquella noche inició la reunión…Nos sentamos en círculo en el patio trasero de aquella casa. Yo aún no tenía idea de que se trataba pero tenía una sensación agradable por lo que hasta ahora había visto.

“Hola, para las que aún no me conocen, soy Bárbara” dijo una mujer joven pero que al verla parecía tener un alma de abuela. Ella abrió la palabra esa noche, con esa calma y paz que la caracteriza, pero que a mi me parecía tan nueva en aquel momento. De pronto se empezó a conversar de temas que JAMÁS me había planteado hablar tan abiertamente, cosas que a todas las mujeres nos suceden, pero que hemos sido criadas para mantenerlo en silencio… Como dolores de vientre, sangre de menstruación, amor al útero y respeto a tu cuerpo.

Cada quien exponía su punto y mientras más mujeres hablaban más identificada me sentía con aquello que estaba sucediendo ahí, de pronto yo que siempre me he caracterizado por ser aparentemente “Extrovertida” me sentí nerviosa por hablar, porque para mi sorpresa todas me escuchaban atentamente. (En estos tiempos es muy fácil hablar sin la atención de la gente)
Hoy día todo el mundo va rápido, pendiente siempre de algo más, el celular, el trabajo, sus problemas, pero ese día, todo estaba detenido en el presente, en el aquí y en el ahora. Me sentí tan importante y tan escuchada.

Esa noche cambió en mí muchas cosas, abrió un montón de sentimientos y necesidades que no conocía, tomé consciencia que en mi familia la menstruación era un tabú, me ayudó a quitarme ciertos velos que tenía en los ojos en aquel entonces, esa noche escuché cantos con fuerza y sentí que había llegado al sitio que tanto buscaba. Mi corazón latía fuerte.

A partir de ese día todo en mi vida fue cambiando… círculos, temazcales, encuentros, medicinas, herramientas, fueron parte de todo lo que me ayudaron a prepararme, a reencontrarme con mi esencia sagrada, con mi merecimiento, con lo que soy.

Esa Valentina aparentemente feliz se fue quedando atrás, aprendí a aceptar que está bien no sentirse bien, y que cada sentimiento te pertenece, que es un trabajo diario la evolución y que este camino nunca acaba. Es largo y culebrero pero disfrutarlo es parte de la magia.

Recuerdo que durante años sentí una inmensa necesidad de “Pertenecer” ¿A qué? Ni yo misma lo sabía.

Solo quería sentir que era parte de algo y resulta que sin buscarlo encontré familia. Mujeres que he visto una sola vez en mi vida y siento tanto amor por ellas, otras tantas que ni siquiera conozco en persona pero son mujeres que han formado parte del presente de todos estos últimos años de mi vida.

Yo, como muchas, tuve que irme de Venezuela pero ese círculo va conmigo a donde sea que voy.

Pues en mis comienzos en estas tierras, desde donde hoy cuento esta historia, he sentido como la energía de mi círculo me acompaña, y me ha permitido expandir mi corazón y conocer más y más mujeres que vibramos en la misma sintonía Todas hacemos un tejido y son parte de lo que soy, son mi tribu, mis lobas, mis brujas.

Ser parte de Mujer Agua De Luna es un orgullo, es un camino, es crecer juntas, es amor propio, es la palabra firme cuando es necesario, es un estamos contigo, que me ha hecho sentir acompañada, seguimos juntas, seguimos caminando, unas cerca de las otras.

Aún en la distancia, les amo.

ERIKA

Erika Castillo

Mexicana
Mujer Agua de Luna Saltillo.

Mi nombre es Erika Castillo quiero contarles un poco acerca de mi experiencia en el círculo de mujeres «Mujer Agua de luna, Saltillo». Hace poco más de un año tuve la fortuna de conocer a Marian Constanzo en un taller de herbolaria que conocí a través de Pomarosa, después tuve la fortuna de formar parte del grupo fundador del Circulo en donde tuve la dicha de reencontrarme con dos hermanas con las que a la fecha seguimos creciendo juntas, a lo largo de la vida del circulo me ha acercado a mis hermanas del alma reconociendonos ahí. La medicina del circulo es sagrada para mi, ya que es un espacio en el que podemos fluir libremente, hablar y dar apoyo, no solamente eso, sino que compartimos medicinas sagradas como el rezo de la Chanupa, la cual me ha llevado a tener los medios para afrontar y superar los retos que se me presentan. A través de Marian conocí la tradición de la Danza de la Luna, en este mi primer año como danzante de Luna tengo el honor de que sea mi madrina en esta tradición, mostrandome la importancia y el porque de nuestras tradiciones. He tenido la fortuna de aprender de ella y con ella a través de su energía, por si fuera poco, me permitió conocer personas maravillosas en esta mi primera danza con la abuela Mallinani. Feliz primer aniversario del circulo Mujer Agua de Luna. Aquí aprendí que sanando una, sanamos todas, sean todas Bienvenidas.

ABRIL

Abril Estefanía

Mexicana
Mujer Agua de Luna Saltillo

Hola, mi nombre es Abril Estefanía y quiero contar mi testimonio sobre lo que ha traído a mi vida asistir a los círculos de mujer agua de luna en Saltillo. Creo que es bastante común que al ser criadas en el sistema tradicional del patriarcado, crezcamos siendo mujeres enojadas, con una visión poco clara de la vida pero sobre todo enemistadas con las mujeres de nuestra vida. Yo llegué al círculo de ésta manera, con heridas profundas y una necesidad muy grande de sanarlas, de sentirme abrazada, comprendida y escuchada por otras mujeres. El círculo, las terapias, la medicina que se comparte en mujer agua de luna definitivamente ha sido una bella guía hacia el interior, un apoyo para comenzar una conexión y una relación de autoconocimiento conmigo misma, con las mujeres que forman mi tribu y con el gran espíritu. Estoy agradecida de conocerlas, de compartir con ellas, de poder llamarlas hermanas y muy feliz de que su medicina llegue a más mujeres. Totalmente es una medicina de empoderamiento y amor propio que todas merecemos